20160804

Eres un idólatra

Lo podemos ver en el llanto de un niño pequeño, se ve en las exigencias del adolescente, lo podemos ver en el argumento innecesario de la pareja casada por algo sin importancia y lo podemos ver en la amargura del anciano. Ninguno de nosotros ha escapado a esa enfermedad. Es una infección en todos nuestros corazones. Es la razón de gran parte de la ruptura, la angustia y el dolor de la comunidad humana. Es la base de tantas guerras e infelicidad. Es un desastre personal y moral, pero, aún así nos seduce a todos.

Su poder nos atrae a todos. Lo vemos en otros, pero negamos tenerlo en nosotros. Se convierte en incómodos momentos familiares, en amistades desleales y en violencia en las calles. nos hace envidiosos y exigentes. Hace que el descontento sea más natural que el agradecimiento. Arruina nuestras vacaciones y días festivos. Nos hunde en una deuda interminable, en una adicción paralizante y nos hace comer más de lo que deberíamos. Pone enemistad entre los hermanos y hace que la guerra sea más natural que la paz. 

¿Qué es esto que nos secuestra? Es el pecado del egoísmo. El ídolo de ídolos es nuestro propio ser. Nos gusta que todo sea sobre nosotros. Nos ponemos en el centro de la historia. Evaluamos la vida desde la aterradora y trágica perspectiva del "yo mismo".  Estiramos las fronteras de nuestras preocupaciones en los estrechos límites de lo que queremos, lo que sentimos, lo que soñamos y lo que pensamos que necesitamos. Definimos un buen día si ha sido un día placentero o fácil. Una buena circunstancia es cuando se hace mi voluntad. Un buen matrimonio es aquel dónde mi cónyuge se convierte en un siervo de mis sueños. Una buena iglesia tiene el culto, los programas y la predicación que me satisfacen. Un buen trabajo es uno que me mantiene feliz y ocupado. Es una vida reducida a mi propio reino personal. 
Pero las primeras palabras de la Biblia nos enfrentan con la realidad inexplicable de que no se trata todo de nosotros. Ellas nos muestran la verdad de que la vida proviene de, es controlada por y existe para alguien más. Nunca estaremos en el centro del universo porque Dios ya ocupa ese lugar.  La vida nunca se tratará sobre nosotros, ya que todo trata sobre El. 

Nuestra voluntad no se llevará a cabo, ya que Su voluntad se llevará a cabo. Nuestro reino no puede existir porque Su reino existe. La vida no se someterá a nosotros porque, al final, todas las cosas se someterán a Él.   Ponernos en el centro de nuestra vida solo conduce a la disfunción, la decepción y el quebrantamiento. Jesús vino para diezmar nuestra lealtad a nosotros mismos para que, de está manera, seamos liberados de la esclavitud y conozcamos la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Tomado del devocional de Paul Tripp " Nuevas misericordias cada mañana"

1 comentario:

  1. Es asì ,los seres humanos siempre queremos hacer nuestra voluntad y no deñendemos e aquel que nos creò y nos ama ; tomamos decisiones y se nos olvida que estamos sujetos a la vomuntad de Dios.

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