20130129

Ansiedad y Frustración (Capítulo 7)

En la vida hay ciertos grados de dificultad y de dolor. Unos percances pueden ser pequeños y otros muy grandes. En este capítulo se habla de las dificultades cotidianas, no de las inesperadas y extremadamente dolorosas.
Luego del amor y la humildad, la cualidad que más se menciona en la Biblia como  característica de un creyente es  la confianza en Dios. Lo opuesto a confiar en Dios se manifiesta como ansiedad y frustración.  
Diferentes citas en la Biblia nos hablan acerca de esto pero el pasaje que más menciona la palabra afán está en   Mateo 6:25-34 donde el Señor nos dice que no debemos afanarnos por qué comeremos o vestiremos o beberemos en el día de mañana.  
La ansiedad es pecado por dos razones. Primero porque significa desconfiar de Dios y en segundo lugar porque rechazamos la provisión divina en nuestra vida. Para algunos creyentes es difícil aceptar que Dios está al mando de todas las circunstancias y se les hace difícil aceptar con gozo que Dios controla la agenda de su vida.
Aceptar la voluntad providencial de Dios, no significa que no oremos, fíjense que Pablo en Filipenses 4:6 nos dice que no debemos afanarnos sino orar al Señor con ruegos y acciones de gracias y confiando en que sea cual sea el desenlace, sus planes son mejores que los nuestros.
Para combatir la ansiedad debemos memorizar versículos que nos ayuden a confiar en Dios y pedirle en oración al Señor que nos de fé.
La frustración implica  estar a disgusto o enojado con cualquier persona o circunstancia que se interponga en nuestros planes. Cuando me frusto estoy dudando de la soberanía de Dios. El Salmo 139 nos puede ayudar a ver las cosas en la perspectiva divina cuando dice "....y en tu libro estaba escrito todo aquello que a su tiempo fue formado, sin faltar nada de ello". Así que cuando caigo vienen la tentación de frustrarme porque las cosas no están saliendo como quiero, debo pensar que Dios está en total control de mi vida y pedirle que me ayude a reaccionar con fé.
Finalmente debemos observar si las circunstancias que nos ocurren tienen una enseñanza para nuestra vida por parte de Dios, y por eso las está permitiendo. En ocasiones Dios puede utilizar eventos que nos produzcan frustración para llamar nuestra atención o para ayudarnos a crecer en un área específica.


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