20170503

¿Cómo está tu fé?

La fé cree en la Palabra de Dios de tal forma que está dispuesta a hacer lo que ella dice y a mantenerse dentro de sus límites. La fé es la respuesta de tu corazón hacia Dios, y esa respuesta altera por completo la forma en la que vives tu vida. No solo piensas por fé, sino que vives por fé. 

Ahora, es importante enfrentar dos implicaciones de la fe verdadera.  Primero, la fé, no es natural en nosotros. No nacemos confiando en Dios. NO salimos del vientre dispuestos a reconocer Su existencia, a alabarle por Su gloria y a someternos a Sus reglas. Tendemos a vivir por vista, por experiencia personal, por lógica o por intuición, pero la fé no es natural. 

Es natural cuestionar misterios de tu vida que nunca resolverás. Es natural imaginar dónde estarás en diez o veinte años. Es natural preguntarse por qué la vida de alguien más ha resultado ser tan diferente a la tuya. Es natural atemorizarse en ocasiones, preguntándote si Dios realmente existe y, si así fuera, es escucha tus oraciones. Pero poner toda tu existencia en Aquel a quien no has visto, tocado u oído es todo menos natural. Es por ello que la fé es un regalo de la divina gracia.

Tu y yo somos capaces de dudar, pero no tenemos el poder para creer. Así que, si vives por fé, no te enorgullezcas cómo si fuera obra tuya. No, levanta tu vista y tus manos al cielo y agradécele a Dios por el regalo del deseo de creer y la capacidad para hacerlo. 

En segundo lugar, participar del cristianismo en la iglesia es parte de la vida en la fé, pero no es lo que la define. Participar en los programas de tu iglesia no significa que eres una persona de fé. Puedes alabar a Dios por Su sabiduría en el servicio del domingo, y aún así quebrantar Su ley el martes debido a que, en el fondo, realmente crees que eres más inteligente que El. Es muy fácil engañarte a ti mismo, haciéndote creer que vives por fe cuando no es así. Por tanto mírate al espejo de Hebreos 11 y examina tu fé. No necesitas negar la realidad de tu lucha espiritual. Corre hacia Él y confiesa la falta de fe en tu corazón. El no te rechazará.

Tomado del devocional "Nuevas misericordias cads mañana" de Paul David Tripp

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